—¿Te irás a Braga este fin de semana?
Asentí a la pregunta que me hizo Nikko. Me encontraba remolona esa tardía mañana sin querer levantarme de la cama, solo deseaba hacer cositas con él hasta bien entrado el mediodía, batallando con la bendita canción aún metida en mi cabeza. Catorce días llevaba con aquella letra infernal entre ceja y ceja.
—Necesito que te quedes. —Plantó un beso en mi boca y se dirigió al baño.
Me senté en la cama cubriéndome mi desnudez con las sábanas.
—¿Y eso? —pregunté.