Capítulo 44.

Eran altas horas de la madrugada, el par de camionetas brindadas seguían el rumbo fijo hacía el perímetro fielmente resguardado. Solo se escucha en esa fría noche como el motor y el fango barrían los neumáticos mientras entraban al área privada. El hombre de cabellera azabache seguía mirando el mensaje de texto que hace unos días su madre le ha enviado, haciéndole llegar imágenes de la primera ecografía de Mi-

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