El amanecer en la hacienda solía traer consigo una calma esperanzadora, pero esa mañana, el aire estaba cargado de tensión. Gala y Ramsés se encontraban en la cocina, frente a frente, mientras los primeros rayos de sol iluminaban el lugar. Era una discusión que había comenzado la noche anterior y que ahora se prolongaba.
— Ramsés, no se trata solo de la hacienda — dijo Gala, con un tono firme pero contenido. — Es el tiempo que dedicas a ellos. Gael y Sofía te necesitan, y yo también. Siento que