37. Desayuno en el jardín
El resto de la noche pasó lentamente. Ramsés continuó al lado de Gala, cuidando de cada detalle hasta que el dolor de cabeza al fin cediera y pudiera quedarse dormida.
Cuando el primer rayo de sol se asomó entre las nubes, Ramsés supo que la tormenta finalmente había amainado. Gala abrió los ojos después, parpadeando con debilidad mientras la luz iluminaba el rostro cansado, pero atento de su marido.
— ¿No… has dormido nada? — preguntó con preocupación.
Ramsés sonrió y besó su frente con sumo cu