36. ¡Casi… mueres! ¡Casi te perdemos!
— No, no digas eso.
— Gala…
— No, para, no me hagas más preguntas. No voy a responderlas. No quiero.
Para ese punto, al brasileño le cabreaba que ella no pusiera de su parte. Sí, sabía que podía tener miedo, pero nadie más que él podía protegerla. ¡Protegerlos! ¡Él era el único!
— Lo quieras o no, voy a dar con la verdad, y cuando lo haga, les haré pagar por esto que te hicieron — dijo en tono críptico.
Gala negó, sus ojos llorosos estaban desarmándolo.
— No, por favor, no hagas nada — le rogó.