38. Apagaré tu fuego
Durante el siguiente par de días, Gala fue obligada a tener reposo absoluto, y aunque se aburría de estar en cama todo el día, las órdenes de su esposo eran existentes tanto como dulces. La consentía como nunca esperó ser consentida, y la cuidaba con esmero y preocupación.
Ramsés se había asegurado de que nada quedara al azar, por eso no se quedó tranquilo hasta que el diagnóstico del doctor fuese claro y precioso. No había señales de complicaciones graves.
— Ya escuchaste al doctor, estoy fuera