35. Te han amenazado con hacerme daño a mí
El sonido de la tormenta seguía afuera, las gotas golpeando rítmicamente el tejado de la casucha. La chimenea lanzaba destellos de luz cálida que iluminaban el pequeño espacio, haciendo que todo pareciera menos hostil. Fue en medio de ese ambiente tranquilo que Gala finalmente abrió los ojos.
Al principio, todo era un borrón. La luz del fuego bailaba ante su mirada desorientada, y el dolor en su cabeza era punzante, casi insoportable. Intentó moverse, incorporarse, pero una mano cálida y firme l