Mundo de ficçãoIniciar sessãoMerytnert soltó a su hermano y se acercó despacio a Héctor, quien la observaba con agonía. Tomándole las manos con firmeza, le suplicó:
— ¡Héctor, solo di que sí, por favor! ¡Después, solucionamos esto! —con una mirada intensa, le preguntó—. ¿Me amas, Héctor?— ¡Sabes que sí! Ese no es el punto —respondió Héctor, la seriedad m






