56. CONTINUACIÓN
AMANDA:
Al estacionar el auto frente al mercado de la manada, las invito a bajar rápidamente. Incluso con la nieve cubriéndolo todo, sé que el tiempo corre y que el frío siempre puede intensificarse. Ellas descienden en fila, pegadas unas a las otras, más como hermanas que como lobitas futuras. Cada una lleva una bufanda de lana tejida por mí, una estampa tan familiar y reconfortante que sonrío para mí misma.
—Dejen de estar hablando de lobos. No deben decirle a nadie que tienen unos lobos.