339. LA INVOCACIÓN A ANUBIS
AMET:
El simple enunciado cargaba con un sinfín de emociones y responsabilidades que siempre me habían acompañado. Ser la reencarnación del gran Sobek no era una simple distinción; era una carga, una promesa y, sobre todo, un juramento que no podía eludir.
—Pues le voy a pedir que saque a Sobek —dijo con una sonrisa—. Yo me convertiré en Upuaut, y juntos imploraremos la presencia de Anubis.
Se detuvo en seco, levantando un brazo para indicarme que me colocara frente a él. Lo observé con atenció