340. EL ACERTIJO
AMET:
El dios Anubis parecía procesar mis palabras mientras su forma gigantesca dominaba la escena. Su sombra nos cubría a ambos, como si estuviéramos atrapados bajo el manto de la noche más oscura. Sus ojos, ardientes e inmisericordes, parecían penetrar hasta lo más profundo de mi ser. Por un momento, sentí el frágil telón que mantenía a Sobek encerrado en mi interior desgarrarse un poco más. La fuerza de aquella bestia era un río desbordado, rugiendo con fiereza. Era un recordatorio constant