Entré lentamente y encontré a Zoe recostada en la cama. La sorpresa cruzó de inmediato su rostro cuando me vio entrar.
—¿Nancy? —me llamó, con la voz llena de incertidumbre.
—Hola, Zoe —la saludé suavemente mientras me acercaba y me sentaba a su lado.
—¿Tú fuiste quien me salvó y me trajo al hospital? —preguntó, aún con el asombro reflejado en su expresión.
—Por suerte… sí —respondí, dejando que mi mirada se detuviera en los moretones esparcidos por su rostro. El pecho se me apretó dolorosament