Abrí los ojos con dificultad, forzando mis párpados pesados mientras observaba lentamente la habitación débilmente iluminada.
Mi mirada luchaba por adaptarse al espacio desconocido que me rodeaba. Por un momento intenté mantener la calma, pero el pánico ya se estaba filtrando, instalándose profundamente en mi pecho antes de que pudiera detenerlo.
El pitido constante de un monitor cardíaco llenó mis oídos, seguido por la imagen de una vía intravenosa conectada a mi mano, y eso fue suficiente par