Pasadas las tres de la mañana detuve el auto frente a la casa. Tardé más de lo previsto esperando un par de confirmaciones legales que requería dejar zanjadas antes de cerrar los ojos, el cansancio empezaba a pasarme factura de forma física; punzada en mis nudillos y la espalda cargada.
La casa a estas alturas de la madrugada, en penumbras.
Subí las escaleras, mis pies me guiaron hacia la habitación de Lucía. Abrí la puerta un poco.
—¿Ale? —La voz de mi h