A sus ojos los días transcurrían tan lentos que le aterraba. Extrañaba tanto a Tiodor, que ni siquiera su apretada agenda le hacía olvidarlo. Recordaba con la cara enrojecida la manera tan hábil con la que sujetaba su cintura. Su corazón se aceleraba con fuerza, anhelando ese contacto piel con piel.
—¿Libia, estás bien? —le cuestionó Daniel con ojos entre cerrados.
Ella parpadeó saliendo de su ensoñación, a su alrededor, los mozos pasaban a toda prisa sujetando charolas con comida. Libia enseg