Días después se enfrascó en una larga jornada de grabación del comercial de las planchas de cabello, Libia se acercó a Alfonso con una ceja alzada y un deje de preocupación en su voz.
—Alfonso, ¿puedo hablar contigo? —dijo con una sonrisa forzada, tratando de ocultar su agotamiento.
Alfonso se volvió hacia ella, frunciendo el ceño ligeramente antes de asentir.
—Claro, ¿qué sucede, Libia?
La chica se mordió el labio antes de continuar.
—No pude evitar notar que hemos repetido este comercial muc