Libia se encontraba grabando un video con Daniel. Se notaba la química —al menos actuada— entre ellos. Al fondo, sentado en una silla plástica negra, Lison observaba la escena sin expresión aparente.
La joven se masajeó las mejillas ya entumecidas de tanto sonreír. El camarógrafo se percató y dictó el corte. Ella aprovechó y se acercó a Lison.
—¿Tienes hambre? Ya es hora de la comida —le preguntó, tratando de mantener la normalidad.
Lison asintió, pero sus ojos revelaban una tormenta interna. M