Libia estaba buscando alguna manera de romper el acuerdo con esos criminales. Cuando recibió una llamada de un número desconocido. La lada no era de ese país. Contestó sin darle muchas vueltas al asunto.
—Bueno…
—¿Qué quieres? —cuestionó con voz áspera.
—Señor Lison —pronunció ella, feliz de tener noticias de él. Por un momento llegó a creer que Tiodor jamás se comunicaría.
—¿Qué quieres? —volvió a interrogar el hombre, ahora más malhumorado.
—Señor Lison, ¿cómo está? —lanzó la típica pregunta d