Deja de mirarme así.
—Señorita Musso, ha llegado el señor Lison —informó la secretaria por medio del teléfono.
Las mejillas de Libia enrojecieron, tardó un poco en contestar. Respiró profundo.
—Que pase, por favor —pidió, con el corazón latiendo desenfrenado.
En cuestión de minutos, Lison tocó la puerta.
»Adelante —dijo, nerviosa.
Luego de tanto drama estaban frente a frente. Tuvieron contacto visual, Libia no se levantó de su silla, puso ambas manos en el escritorio, tomó aire.
—Dijiste que me necesitabas ¿Para qué