En una casa derruida y vieja, a simple vista abandonada, muy lejos de la ciudad, un hombre se limpiaba las ensangrentadas manos con un pedazo de tela que había arrancado a la ropa desgajada de un hombre que yacía, aún con vida, en el suelo.
_ ¡Qué asco! _ se escuchó la voz de otro a su lado _ siempre tienes que ser tan sanguinario _ agregó luego arrugando su frente con cara de repulsión.
_ Es la única manera de que estos desgraciados aprendan que con migo nadie se mete y a mi familia nadie le ro