Durante las siguientes dos semanas, Sinclair y yo no dormimos mucho.
En cambio, nuestro precioso. Adorable. Maravilloso. Increíble. Bulto. De. Alegría... nos tortura hasta convertirnos en tontos descerebrados, intentando averiguar qué es lo que él quiere y dándoselo lo antes posible.
"Dios mío", le digo a Sinclair una noche a las tres de la mañana, desesperada por la ansiedad y la falta de sueño. Camino por la habitación con Rafe puesto contra mi pecho, intentando consolarlo. "Le dimos de