Amaia
Me detengo frente a la puerta de la habitación con el corazón apretado y las manos temblorosas. Adam coloca sus manos en mis hombros y me aporta así la seguridad y la fuerza que necesito para poder dar el siguiente paso.
—Todo está bien —me dice, en un susurro, cuando siente y ve mi angustia.
Después de dos meses y medio esto me ha tomado… desprevenida.
Sí, Ernesto estaba en coma y los pronósticos eran reservados, teniendo en cuenta el tiempo que ya había pasado y la poca actividad que