Punto de vista de Sara
Entró como si estuviera caminando por una alfombra roja. El bolso colgado despreocupadamente de un hombro, esa sonrisa confiada en la cara y su cabello negro despeinado cayéndole perfectamente sobre la frente, como si el viento mismo lo hubiera peinado. Ni siquiera parecía culpable por llegar tarde. Por supuesto que no.
La profesora apenas levantó la vista.
—Ah, señor King —dijo con una leve sonrisa—. Tome asiento.
Eso fue todo. Ni regaño. Ni sermón sobre la puntualidad