Mis mejillas se calentaron, y me odié por ello. Metí otro bocado en la boca solo para evitar responder. La pasta seguía deliciosa, cremosa con un toque de especias, el tipo de comida que se quedaba en la lengua. Quería preguntarle cómo la había hecho, pero me mordí la lengua. No quería darle la satisfacción de saber que me importaba.
El tintineo de los tenedores contra los platos llenó el silencio. Intenté no mirarlo, pero no pude evitarlo. Mis ojos me traicionaron, levantándose cada pocos segu