Lyra
El sonido del atril al caer retumba en la biblioteca como un disparo.
Me quedo completamente inmóvil, con el corazón golpeándome tan fuerte en el pecho que siento que va a delatarme. El eco del golpe rebota entre los estantes infinitos, trepa por las paredes cubiertas de libros y vuelve a mí amplificado, acusador.
No respiro. No me muevo. No parpadeo.
Entonces lo escucho. Un paso.
Lento. Seguro. Sin prisa.
—Vaya, vaya… —dice una voz masculina a mi espalda—. Parece que alguien ha sido una lo