105. Toda yo soy tuya
Lyra
El estudio todavía vibra con la furia de Alaric.
Los restos de madera crujen bajo mis botas cuando doy un paso hacia él. El escritorio está partido por la mitad, los mapas que antes cubrían la mesa ahora cuelgan desgarrados de las paredes, y algunos fragmentos de vidrio brillan sobre el suelo como pequeñas estrellas rotas. El aire aún tiene ese olor eléctrico que deja el poder cuando se desata sin control.
Pero lo que más pesa en la habitación no es el desastre.
Es él.
Alaric está de espal