Vivian invitó a Ethan a su apartamento el sábado por la noche. No era nada inusual. Llevaban tiempo haciéndolo. Cenaban y pasaban las noches juntos, reconstruyendo con esmero algo que había existido antes de Londres. Lo hacían con mucha reflexión, como dos personas que entendían lo que hacían sin necesidad de palabras.
Ethan llegó a las siete. Vivian abrió la puerta vestida con algo caro. Lo llevaba como si estuviera hecho a medida. "Llegas puntual", dijo.
—Siempre llego a tiempo —respondió Eth