CAPÍTULO VEINTIUNO

Se despertó a las seis de la mañana.

No había despertador. Solo la luz del sol que entraba por la ventana del patio y la tranquilidad de la mañana. Una tranquilidad que le pertenecía

Se quedó un momento en la cama. Sintió el colchón y las sábanas. La habitación tenía una temperatura agradable. Una temperatura perfecta para ella. No había nadie en la habitación. No sonó el teléfono en la puerta del estudio. No se oyeron pasos en el pasillo. No tenía que fingir nada antes de que empezara el día.

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