Maria entró en el dormitorio y se dejó caer en el borde de la cama, con el agotamiento tirando de cada músculo.
-¿Quieres un masaje? -preguntó Adrian, deslizando ya las manos sobre sus hombros.
Ella asintió ligeramente y dejó caer la cabeza hacia adelante, derritiéndose bajo la presión familiar de sus pulgares.
Peter apareció en la puerta.
-Oh... yo solo... -empezó, ya girándose para irse.
-Quédate -dijo Maria, casi como una orden-. Ven aquí.
Peter dudó, luego se mordió el interior del labio y