Xavier era un comerciante caritativo, dedicado a donar a los orfanatos.
Según las verdaderas estadísticas del gobierno, Xavier había apoyado a más de trescientas personas desde la infancia hasta la universidad.
Entre ellos había niños que acababan de terminar la secundaria, la preparatoria y la primaria.
Era evidente que Xavier había ayudado a mucha gente a lo largo de su vida, lo que dejaba a Juan muy impresionado. El anciano frente a él merecía, sin duda, un reconocimiento por su bondad.
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