La noche caía y Juan se encontraba solo en el patio de la mansión, practicando frenéticamente su técnica de boxeo.
Aunque ya se había divorciado de María, las palabras de ella ese día, expresando que si hubiera sabido, se habría casado con José en lugar de él, lo mantenían despierto durante horas, obligándolo a desahogarse a través del boxeo.
Tras terminar una serie de golpes, Juan, empapado en sudor, tomó una profunda respiración.
De repente, escuchó risas plateadas desde afuera: —¿Después de