Osvaldo escuchó las palabras de todos y apretó los puños. —Bien, al parecer cada uno se atreve a burlarse de mí de esta manera.
Esperaría con paciencia a que resolviera el asunto con Juan, luego se ocuparía uno por uno de estos empleados.
En ese momento, Juan, desde la oficina de Mía, estaba sentado muy cómodo en el sofá.
Observó el vaso rosa sobre la mesa de Mía con una expresión de sorpresa y preguntó, —Directora Mía, ¿no tiraste este vaso? ¿Cómo es que lo has recuperado?
Juan abrió los ojos