Renato, al ver la expresión de Lucía, pensó que ella estaba incómoda.
Su prometido apenas ganaba en unos pocos meses lo que él gastaría en invitarla a cenar hoy.
Satisfecho consigo mismo, no dejó pasar la oportunidad para seguir atacando: —¿Juan estaría interesado en venir a trabajar a mi empresa? —
—Si tiene la capacidad, podría ser un supervisor aquí, con un buen salario de tres mil al mes.
—Los hombres deben encontrar la manera de ganar dinero para que sus mujeres puedan ser felices.
—Espe