Juan se quedó mirando fijamente a Elena en completo silencio, luego continuó: —¿Qué dices? ¿Puedes hacerlo?
Elena, viendo la expresión cautelosa de Juan, negó con la cabeza con mucho cuidado. —No sé bailar ni beber.
—Pero soy muy buena trabajadora, ¿podrías reconsiderarlo, por favor? Realmente necesito este trabajo, — murmuró Elena cada vez más suavemente.
Juan entendió en ese momento el rechazo de Elena, pero no quería perderla. A pesar de ello, no pudo contener la risa.
Al ver a Juan riendo a