Lidia frunció el ceño y, disgustada, guardó el dinero. Luego, con aire totalmente resentido, dijo: —El soborno debería ser de al menos diez mil euros.
Al escuchar esto, Juan casi se atraganta de sorpresa.
Diez mil euros por un soborno esto es era realmente demasiado.
Al ver la expresión asombrosa de Juan, Lidia apretó los dientes: —De acuerdo, mil euros también servirán.
Juan se sintió un poco incómodo.
Por lo general, apenas tenía ahorros. Todo su dinero anterior había sido transferido por Ja