Lucas apenas esbozó una sonrisa cruel y siniestra, luego le dijo a Ana: —Ve a morirte.
En ese momento, Lucas aceleró el paso y pronto estaría frente a Ana.
De repente, una voz potente resonó: —Los que Juan me encargó proteger, antes de que yo muera, ¡ni siquiera pensarás en tocarlos!
Jacobo, que antes estaba extremadamente débil, volvió de nuevo a recuperar su vitalidad en este momento. Aunque tenía algunas leves heridas, eran solo rasguños superficiales que no afectaban en lo absoluto su fuerza