Celia, al escuchar todo esto, esbozó una fría sonrisa: —¿Crees que soy tan fácil de manejar como Juan?
Con un rápido paso, se acercó directamente a Rita y le propinó un fuerte puntapié en la pierna.
Dado el fuerte golpe de Celia y el hecho de que llevaba unos tacones altos puntiagudos, Rita cayó por completo de rodillas al suelo, retorciéndose de dolor.
Celia, al ver el estado lastimoso de Rita, sonrió fríamente: —Ya que estás de rodillas, no necesitas dar las tres reverencias. Te perdonaré est