—¿Tienes las agallas para sacar tu invitación? No necesito más explicaciones—dijo con total firmeza.
—Si no la tienes, llamaré a la seguridad de la familia Martínez y te arrojarán al mar para alimentar a los tiburones.
Al escuchar esto, Juan esbozó una sonrisa bastante fría y respondió: —Primero, si tengo una invitación, ¿por qué debería mostrártela? Además, realmente eres muy fea.
—Segundo, aunque no tengo una invitación, vine con una amiga que sí la tiene y me trajo.
—¿Quieres que muestre mi i