En este momento, el rostro de Rafael estaba radiante. Sacó un sobre rojo del interior de su saco y, tembloroso, se acercó a Ana.
—Ana, esta invitación es de parte de Don Herman —dijo Rafael. Cuando salió, solo sabía que tenía que entregar la invitación a Ana de la familia Gómez, pero no conocía su aspecto, por lo que no la reconoció.
Ana, emocionada, tomó la invitación y la abrió, confirmando que en efecto estaba dirigida a ella.
—¿Qué tal? Te dije que tenía una invitación —dijo Ana con malicia