María acababa de pagar la multa en el juzgado y sacó a Rita, quien estaba herida y se tocaba el rostro constantemente, muy enojada.
—Juan es despreciable, ¡cómo se atreve a golpearme! Voy a vengarme —pensaba Rita.
—¿Cómo es posible que perdiéramos el juicio? ¿Por qué el director de salud los está ayudando? —se preguntó María, pasándose la mano por el cabello.
—No lo sé, ¿por qué de repente apareció el director de salud con evidencia falsa? —respondió Rita, continuando con su cara enrojecida por