Capítulo 50.

Llevé una mano a mi pecho y lo miré acusadoramente.

—¿Recuerdas nuestro acuerdo de informarme sobre tus planes? Apreciaría que también pudieras anunciarte antes de que muera de un ataque al corazón.

Él se cruzó de brazos y me arqueó una ceja.

Se miraba… ligeramente divertido.

—¿Por qué los hiciste saltar? —repitió, ignorando por completo lo que dije.

Idiota.

Uno atractivo, pero idiota al fin.

—Estimaba que aquí —dije sacando la bolsa de oro de mi corpiño— había unas cuantas monedas, pero despué
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