Habían pasado días desde la gala benéfica y Sofía había hecho todo lo posible por mantenerse al margen de Damián. El cálido sol de la tarde entraba por las altas ventanas del ático, manchando los suelos de mármol con una calidez que Sofía no podía sentir.
Se sentó sola en la pequeña mesa de cristal que estaba muy cerca de la piscina mientras bebía su té tibio que se había vuelto amargo hacía mucho tiempo. Trató de imaginar que en realidad estaba en un matrimonio amoroso y que disfrutaba de la ri