Me senté en el sofá con Iris mientras dormía, recostada contra mí. Mason la observaba con una mirada escéptica y los brazos cruzados. Había guerreros apostados por todas las fronteras, y esperaba que ella fuera la única intrusa, para que ningún otro resultara herido si cruzaba el límite.
—¿Vas a decirme quién es ahora? —cuestionó Mason.
Entrecerré los ojos por el tono que usó, pero seguí acariciando el cabello de la adolescente, apartándolo de su rostro.
—Necesito que llames a la madre de Mindy