Mientras bajaba las escaleras, escuché a Darius hablando con alguien detrás de puertas cerradas.
—No es seguro, Alfa.
—¿Necesito que tú me lo digas? —replicó Darius con voz profunda—. Reuniremos a veinte hombres y nos distribuiremos por la frontera. El resto se quedará aquí para proteger a nuestra manada. Pondremos fin a esto de una vez por todas.
Ya estaba harta de estas reuniones secretas a mis espaldas. Caminé furiosa hacia la puerta.
—Nos reuniremos al frente en una hora. Estás despedido —l