Scarlett Ashford
Un escalofrío me recorrió la espalda, pero no dejé que se notara en mi rostro. María era la verdadera mente maestra de todo este imperio. Sabía cómo jugar este juego mejor que nadie.
—Lo entiendo, madre —dije con sumisión—. Lo siento. Solo quería ayudar al negocio familiar.
—Asegúrate de recordar cuál es tu lugar —dijo María, dándome la espalda y dirigiéndose a su escritorio—. Puedes retirarte.
Me di la vuelta y salí de la oficina.
Tomé el ascensor hasta las plantas inferiores