Scarlett Ashford
La pesada puerta de madera se cerró con un clic tras el doctor Mateo, dejando a su paso un silencio sofocante y cargado de tensión.
Me quedé paralizada contra el cabecero, con el pecho aún agitado por la adrenalina de aquel beso que estuvo a punto de producirse. La cruda realidad de lo que casi acababa de suceder se abatió sobre mí. Me había inclinado hacia él. Me había rendido por completo y de buena gana a la atracción magnética que había entre nosotros. Si el doctor no hub