Scarlett Ashford
Por primera vez en lo que me pareció una década, no me desperté con un grito ahogado. No me desperté con la sensación fantasmal de que el agua helada me llenaba los pulmones, ni con la aterradora necesidad de escudriñar al instante la habitación en busca de amenazas. Simplemente salí flotando de las profundidades de un sueño sin sueños, sintiéndome completamente arropada y totalmente ingrávida.
Abrí los ojos lentamente.
Era una de las habitaciones de invitados de la casa segur