Scarlett Ashford
A las dos de la tarde, la tranquila soledad de mi oficina en la planta treinta y cinco me resultaba completamente asfixiante.
Intenté concentrarme en las hojas de cálculo con datos históricos que brillaban en la pantalla de mi ordenador, pero los números eran solo un lío borroso y sin sentido. Mi mente estaba completamente atrapada en el recuerdo de esa mañana.
Tenía que terminar lo que habíamos empezado. Era un impulso completamente imprudente y peligroso, pero el ansia por e