**Punto de vista de Elena**
El nombre Lorusso no quedó flotando en el aire; lo envenenó.
Raffaele se sentó allí, viendo cómo la comprensión me destrozaba. Sus ojos verdes eran tan fríos como un mar invernal, planos e inmóviles. A medida que comprendí la verdad, un calor repentino y violento corrió por mis venas, una ira tan pura y ardiente que quemó el cansancio, el hambre y el frío.
Mi madre.
Este hombre, con su elegante traje y su cicatriz dentada, la había eliminado como si no fuera nad