**Punto de vista de Stefano**
El auto se sentía demasiado pequeño para lo que yo sentía. Afuera, la niebla se arrastraba sobre el agua oscura, pero adentro, todo lo que podía oler era cuero y mi propia ira ardiente.
Me senté en el asiento trasero, con los ojos fijos en la pantalla brillante de mi teléfono. La imagen de Elena, mi Elena, con la sangre manchando sus labios y su piel magullada por una mano, quedó grabada a fuego en mis retinas. Cada vez que cerraba los ojos, veía esa mirada hue